Hablar de corrupción no es hablar de política necesariamente,
hago a colación a esto porque quizás, la mayoría que tiene la oportunidad de
leerme implícitamente ya está pensando en política. Según la RAE la definición
básica de corrupción es: f. Acción y efecto de corromper o
corromperse. Este punto es importante aclararlo, ya que histórica y mediáticamente
durante años pareciera que corrupción es sinónimo de política, y claro, tiene
que ver, pero la corrupción va más allá, empezando por nosotros amigo lector. Sin
embargo, es inevitable que al mencionar “corrupción” no nos hagamos una
representación mental de al menos los rostros de los dirigentes políticos que durante
generaciones ha acompañado a Colombia en una transición de lo flébil a lo
decadente.
Conociéndose el dato del país al que hago mención, actualmente,
abarcar la corrupción en un blog es exiguo e inocente. Es un tema que abarca
tantas matrices y variables que podría tomarme todo el tiempo de mi vida y aun así
no lograría comprender siquiera su contexto básico. Por este motivo, quiero hablar
desde mi experiencia y veinte seis años de vida, que, aunque no todos se suman
todos a la experiencia sobre corrupción, son suficientes para respaldarme en
mis percepciones y tesis sobre este tema. Dichas experiencias, por lo menos me
han servido para discernir entre el bien y el mal.
Como lo mencioné anteriormente, este país ha sufrido una
transformación de manera transicional y demarcada por la historia, como por
ejemplo la constitución de 1991, que sustancialmente mejoraría esto, pero para
no ir tan allá, pero tampoco olvidar el ‘acá’, hablaré de lo que atañe a
cualquier persona en la actualidad, porque así muchos digan que no se interesan
por esto, internamente son tocados a cada momento de sus vidas por la corrupción
en cualquiera de sus manifestaciones, tanto accionaria como victimaria. Se
preguntarán, ¿accionaria? La respuesta es sí. Públicamente, pocos lo reconocerán,
pero sistemáticamente desde niños pareciera ser que nos adoctrináramos de
corrupción, como, por ejemplo, ir a la tienda y quedarse con el cambio, robar
un color a un compañero así nos parezca una pilatuna, mirar las respuestas del examen
del compañero… ¿ven? Quizás sólo mencionándoles estos pocos ejemplos logré
devolverlos a esa época y revivir sus recuerdos.
Lo importante es que entiendan para dónde voy, y, sobre todo,
porqué quiero revivir esto, y es porque desde que se manifiestan estas cosas
debería haber una regulación, no represiva, sino pedagógica. Creo firmemente
que de ser esto posible y fuera aplicado a cada niño que tiene una mala
conducta, podríamos ver un cambio notorio en la adolescencia y adultez, es más,
sin acudir a la exageración es lo que se ve en países mal llamados “del primer
mundo”. La educación es algo fundamental para esto, pero nos faltan medios y
recursos, a su vez resulta irónico que la educación siendo la cura contra la
corrupción y otros males también esté afectada gigantescamente por la misma. Vemos
malos manejos en el campo institucional y gubernamental, ya que fallan a un
artículo clave e ignorado por muchos ciudadanos y es el de la Constitución Política de 1991: “Artículo
67. La educación es un derecho de
la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se
busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás
bienes y valores de la cultura. La educación formará al colombiano en el
respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia; y en la práctica
del trabajo y la recreación, para el mejoramiento cultural, científico,
tecnológico y para la protección del ambiente. El Estado, la sociedad y la familia son responsables de la educación,
que será obligatoria entre los cinco y los quince años de edad y que
comprenderá como mínimo, un año de preescolar y nueve de educación básica. La
educación será gratuita en las instituciones del Estado, sin perjuicio
del cobro de derechos académicos a quienes puedan sufragarlos”.
Dejando un pequeño precedente, de lo anterior se puede
concluir que es de la falta se despliegan muchos males más, como la carencia de
ética y moral en todos los contextos, como, por ejemplo: El personal, el
familiar, el empresarial, el institucional, el gubernamental, entre otros. De
hecho, si se fijan, tienen una conexión increíble en la que literalmente se recrea
una “pandemia” que invade a un sistema que es permeable y débil, y claro, sin
defensas desde todos los puntos de vista y contextos posibles.
Todo esto tiene un fin, como lo mencioné anteriormente es
algo ingenuo creer que acá podré abarcar el tema de la corrupción como me
gustaría, pero mi invitación es que por favor esto genere un espacio de reflexión
por ustedes mismos, convenciéndose de que hasta el acto más simple genera un
cambio que a la larga nos beneficiará a todos. Por favor, respetemos las normas
y las reglas más básicas en todos los aspectos, desde lo personal hasta lo
social, demostrémonos a todos que, así como la corrupción es un mal tan grande,
la educación aplicada de manera masiva es la cura que transforma positivamente.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario